Encuentro con Bruno, el muchacho

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Como ya saben, tengo 65 años y estoy descubriendo mis deseos sexuales a esta edad. Como ya les conté, mi encuentro con un muchacho en una manifestación.

Resulta que, al pasar tres días, estoy desayunando en un bar y me golpean el vidrio. Miro y era este muchacho, Bruno, que me dice con sorpresa: «Qué haces por aquí? El mundo es chico». Lo miré como nunca había mirado a un hombre y le dije que había ido a ver una librería y que entré a desayunar. Le pregunté si quería tomar algo y me dijo que no, gracias, y me apoyó la mano por debajo de la mesa en la pierna. Sonrió y se me escapó un «Yo también», poniéndome rojo, y él lo notó y me dijo: «Mmm, me excita que te ruborices, mi amor». «¿Has pagado?» No le dije nada y, cuando el mozo se adelantó para pagar, le dije: «No hace falta, yo pago».

Vamos, me dice, y caminamos cuatro manzanas hasta meterme en un hotel. Sentí mucha vergüenza. Una vez dentro, me sacó la camiseta, se sacó la suya y me apretó contra la pared, me comió la boca, estaba muy efusivo y siguió por el cuello y los hombros. Yo estaba loco, me agarré su mano y se la llevé a su pene, lo apreté mientras me chupaba el cuello y me metía la lengua a fondo, y yo se la chupaba. Bajó y comenzó a chuparme las tetillas, jugaba con sus dedos y yo estaba muy loco de placer, hasta el punto de empujarlo, tirarlo a la cama y tirarme encima.

Le comí la boca, le chupé la lengua a fondo, mordí su cuello, sus hombros y bajé a chuparle las tetillas. No paré de chupárselas mientras él apretaba mis glúteos. Bajé con la lengua por su pecho, lo chupé todo y le bajé y le saqué el pantalón. Le comencé a morder el pene por encima del slip. Él estaba muy excitado, le quité el slip y me lo hice mío. Lo mordí con los labios, lo chupé todo. Al principio me atragantaba, pero no paré hasta tenerla toda en la boca. Luego me quité los pantalones y el calzoncillo.

Lo senté en una silla especial que había allí, me senté sobre él y, mientras me tomaba de la cintura y me chupaba los pechos, me fui sentando hasta que logré ser penetrado poco a poco. Comencé a cabalgar muy suavemente, con dolor, pero con mucho placer. Llegó un momento en que cabalgaba muy loco y él me comía la boca, los pechos y apretaba mi cintura.

Estábamos muy excitados y acabamos. Fuimos a la cama y me subí al centro, me arrodillé y él se colocó detrás de mí, me penetró y me abrazó. Yo daba vueltas la cabeza y me comía la boca y me apretaba los pechos con los dedos. Logramos acabar de nuevo. Luego nos duchamos. Me puso debajo de la ducha, contra la pared, se arrodilló y me comía el culo a fondo.

Yo frenaba y él también, luego me penetró y empezó a bombearme contra la pared, me mordió el cuello como lo hacen los leones con sus leonas. Volvimos a acabar. Me enjabonó, me enjuagó y luego me secó. Me dijo: «Mi amor, me vuelves loco». Nos fuimos con la esperanza de volvernos a ver.

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