Amigos del alma
Martín y Marcos eran amigos desde hace 10 meses. Se encontraban en la casa de éste último, como todas los Sábados, juntos con otros dos chicos: Lucas y Andrés. Su amistad había sido conseguida, gracias a que eran amigos de barrio y por suerte de Candela, la novia de Martín, que era amiga de Marcos. Pero, desde hace un tiempo su amistad se había transformado en una pesadilla constante. Era una guerra cotidiana de peleas sin sentido y disgustos.
Martín se encontraba en el sillón, discutiendo. Mauro tendido en la cama de su habitación, que era bastante grande y, por el ruido del aire acondicionado, los padres nunca escuchaban lo que hablaban. Y Lucas, con la cara en la televisión. Martín, tenía 19 años. Marcos, 18. A Lucas, que se encontraba con ellos, ya que Andrés vendría más tarde, tuvo que presenciar una de esas peleas. La discusión se había tornado fea. Marcos, a pesar de tener esa temprana edad, ya era bastante inteligente, sabía mucho de la vida, y usaba muy bien sus tácticas para llevarse bien con sus tres amigos de 19, 20 y 21 años. La pelea se trataba de, en esta ocasión, porque Martín había contado un secreto (sin querer, según él) a Candela. Dicha chica se enojó con Marcos, y los problemas vinieron.
- Muy bien. - gritó, rompiendo el silencio, después de varias réplicas de su "amigo". - Lo siento. Se me escapó.
- ¿Se te escapó? - dijo retóricamente Marcos, enfadado como nadie. - Eres un idiota.
- ¿Cómo te puedes olvidar de eso? - preguntó Martín, refiriéndose de como se podía olvidar de lo que pasó. - ¿Quieres que te "la meta"? ¿Quieres mamármela?.
Ni a Lucas ni a Marcos sorprendió lo que dijo. En realidad, entre ese grupo, ya se estaban acostumbrando a decirse cosas por el estilo. Claro que todo eran siempre en broma. Pero Marcos notó algo extraño en cuanto se lo dijo su amigo. No sabía explicarlo.
- Claro. - contestó irónicamente a su propuesta. - Me muero de ganas.
- Bueno, entonces. Ponte en cuatro.
- Ahora no. Está Lucas.
- ¡Lucas! - exclamó, refiriéndose a su otro amigo, que no apartaba la vista del televisor. - Me cortas la inspiración, vete afuera.
Lucas, que tenía 19, no le prestó atención. Él, que conocía muy bien a ambos, sabía que esa noche iban a terminar peleando y discutiendo. Martín, como era su estilo, se iría enojado del lugar y no volvería hasta el próximo Sábado. Así que no le prestó atención.
- No. Salgan a tener sexo afuera ustedes. - contestó.
Todo lo que hablaban, lo hacían en broma. Por lo menos, eso pensaba Lucas. Entonces Martín se levantó, agarró la llave para abrir el candado del portón y agregó:
- Ya vuelvo.
Marcos y Lucas ya sabían que ese "ya vuelvo" significaba un: "no voy a volver". Fue por esto, quizá, que Marcos se levantó, bajó la escalera detrás de él, salieron de la casa y, antes de que lleguen al portón, Marcos habló.
- Y ¿no me la ibas a meter?
Martín lo miró. No dudó un segundo en contestar.
- Ve al garaje.
El garaje de la casa de Marcos era cerrado, excepto por ventanales amplios que dejaban entrar el aire y la luz de la Luna en las noches, junto con la luz del Sol de día. Marcos se fue hasta su garaje, entrando por la ventana (ya que si no, necesitaba la llave de la puerta). Estaba intrigado, preguntándose hasta que punto era capaz de amenazar Martín con sus anuncios sexuales. Y éste sentía lo mismo. Marcos entró y lo miró, esperando una reacción de su amigo. Sin embargo él quedó quieto, parado.
- Bájate los pantalones.
Marcos se desabrochó con ligereza los jeans, se los bajó y luego su slip, quedando su trasero al aire. Pensando en que Martín sólo se reiría y se iría de todos modos. Pero, sin poder creerlo, Martín se acercó, hizo que Marcos le diese la espalda y con un dedo de su mano izquierda le pasó la raja del culo, intrudiciendolo apenas, mientras que con su otra mano se bajó la cremallera. Sacó su verga erecta, no muy grande, pero gorda y se la puso en el mismo sitio donde antes ocupaba el dedo.
- ¿La sientes?
Marcos no lo podía creer, dejó de pensar y se dejó guiar por el impulso. Giró, agarró con su mano el pene de su amigo y le besó en los labios. Fue un beso tremendamente profundo. Con la lengua que rebosaba de sus bocas e iba a parar en la del otro.
- Luego seguimos, cuando se vaya Lucas.- dijo Martín.
Ambos subieron de nuevo, sin creer en lo que habían empezado. Pero pensaban continuar. Volvieron a la habitación. Lucas seguía en el televisor, anunciando contento.
- Van a pasar una hermosa película. - declaró.
Eso significaba que se iba a quedar toda la noche mirándola, hasta que termine. Después de unos minutos, Martín se levantó, fue hasta la puerta y, sin que Lucas se diese cuenta, llamó a través de señas a su amante.
Bajaron al garaje y se volvieron a besar, ambos de pie. Marcos no pudo aguantar más. Con sus manos desprendió el cinto del jeans y abrió la cremallera, con un poco de esfuerzo bajó el slip y sacó la verga de su amigo, erecta como antes. La puso en la punta de su boca y se la tragó enteramente. No sentía ningún sabor en especial, pero el olor a pene de un hombre mayor lo embargaba con una profunda emoción.
- Sí... que bien la chupas... - susurraba Martín, desde lo alto. - Sí... quiero acabarte en la boca... sí...
Marcos seguía con su misión. Del pene bajaba a sus huevos velludos y olorosos.
- Ponte en cuatro. - declaró Martín.
Marcos apoyó su tórax en la parte trasera del auto, y su amigo empezó a ponérsela lentamente. No pudo dar mucho de sí, ya que no entró. Sólo dio dos sacudidas de "mete y saca". Pero eso bastó para que Marcos volviera a su posición de chuparla.
- Sí... - decía lentamente.
Martín sacó del medio la boca de su amante y empezó a masturbarse para acabar más rápido. En eso Marcos fue a parar en su cuello, donde lo besó cómodamente. Su lengua bailaba entre su piel salada y movediza debido a los procesos de masturbación.
- Vuelve a chuparla. - ordenó Martín.
El otro bajó hasta su pene y comenzó su trabajo. Unos segundos más tarde sintió como varias gotas de líquido esponjoso bailaban en su garganta. Se secó y guardó su herramienta en su lugar. Posiblemente después de la dichosa película de Lucas, la cosa siga, no lo saben. Marcos tiene miedo que Martín se arrepienta, pero Martín está seguro de que quiere penetrarlo.
Posibles continuaciones:
* Ambos incluyen las penetraciones.
* Son encontrados por sus amigos.
* Esto llega a los oídos de Candela.
* Martín se arrepiente y no quiere saber nada más de Marcos, nunca.
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