Mi amiguita culona de la oficina

Autor: cancerbero17 | 19-Jan

Confesiones
Intercambiamos algunos de nuestros trabajos para conocernos más. Yo por mi parte leía sus trabajos con bastante interés.
Pasado algún tiempo cuando tuvimos ocasión de volver a tocar el tema comentamos que tanto a mi como a ella nos había gustado lo que escribíamos situación por la cual le propuse que realizáramos un escrito conjunto, es decir, un cuento a cuatro manos o algo por el estilo.
Así lo decidimos y me tocó preparar el inicio de lo que sería un cuento, posteriormente se lo pasé y continuó sin ponernos de acuerdo, solo con lo que cada quien quisiera realizar con la vida de los personajes. Lamentablemente las actividades laborales entre otras cosas como salidas fuera de la ciudad, hizo que dejáramos por un tiempo de escribir, situación que decidimos resolver para poder terminar lo que hasta el momento nos había parecido un buen trabajo.
Una mañana que nos encontramos de camino a la oficina me invitó a su departamento para el próximo viernes y así poder, por fin, terminar nuestro cuento, aprovechando que su hija se iba de campamento con sus primas y podríamos trabajar sin contratiempos.
El viernes programado resulto que ambos tuvimos otras actividades y pospusimos la tertulia, situación que me hizo pensar que nunca veríamos el fin de nuestro documento. Pasó aproximadamente un mes y un viernes cualquiera yo estaba completamente desocupado y pensaba ir a comprar algunos discos, curiosear en la plaza comercial e irme a casa cuando a la salida de la oficina me la encontré hablando por su teléfono móvil, me detuve para saludarla.
Cuando colgó y platicamos me dijo que si tenía algún plan, le dije que francamente estaba por ya irme a casa, entonces vino lo que no esperaba, me invitó nuevamente a su casa pues otra vez iba a estar sola y tampoco tenía nada que hacer.
Sin otra actividad por hacer caminamos hacia el estacionamiento y nos encaminamos a su departamento. Hicimos una escala en un centro comercial donde compramos una botella de vino tinto, carnes frías y botanas, así como algunos artículos que le faltaban para su despensa.
En el trayecto no tuvimos ninguna plática referente a sexo, literatura erótica, fantasías o algo que diera indicios de lo que acontecería.
Al llegar a su departamento se quitó su chamarra y se colocó zapatos cómodos, quitó algunos adornos de su mesa de centro y trajo su laptop. Mientras ella hacía esto me indicó donde podría encontrar un sacacorchos y vasos para servir el vino.
La plática seguía un poco trivial y hasta cierto punto aburrida con situaciones y problemáticas que nos acontecían en nuestras respectivas áreas de trabajo, pero poco a poco fuimos incorporando el tema de nuestros personajes que, sin lugar a dudas, eran unos perfectos seductores.
Su departamento era pequeño pero bastante acogedor, limpio y ordenado. Una gran alfombra cubría el espacio de la sala donde nos instalamos para escribir lo que considerábamos era el desenlace de nuestro trabajo a cuatro manos. Nos sentamos sobre la gran alfombra y recargándonos en unos sillones de terciopelo blanco muy bien cuidados y mullidos.
Inicié leyendo lo que hasta ese momento llevábamos escrito, por un momento me sonrojé con las descripciones de penetraciones, lubricidades, sudores, orgasmos y eyaculaciones que habíamos descrito con lujo de detalles.
Apuramos las copas de vino y comenzamos a escribir lo que considerábamos debía ser el final, en el que nuestro personaje principal muriera en situaciones extrañas en medio de un gran climax. De esta forma y conforme avanzábamos en la redacción del escrito, donde nuevamente existía otro encuentro sexual apasionado, mi pene comenzó a sentir ricas palpitaciones y una humedad que sinceramente pensaba llegar a quitarme en casa masturbándome pues nunca pensé lo que en unos instantes pasaría.
Al mismo tiempo noté que Elisa comenzaba a estirar sus piernas y soltó su larga cabellera negra y rizada al tiempo que sonreía mientras llevaba a sus labios el vaso de vino tinto y dirigía su mirada hacia la pantalla del ordenador sin dejar de mirarme de reojo.
La botella de vino se encontraba ya a la mitad, me levanté y me dirigí al bañó y lo dicho, mi pene estaba completamente brilloso por la humedad, sensible y mis testículos contraídos y con ligeros dolorcitos gritando que urgía fueran liberados de las presiones a las que estaban siendo sometidos.
Regresé a la sala y servimos otro vaso de vino, dejamos un momento la computadora y comenzamos a platicar de lo que estábamos escribiendo, refiriendo que si alguien supiera que al salir de la oficina nos reuniríamos en una tertulia exquisita para disfrutar de un buen vino, relatos eróticos y buena compañía pensaría que estaríamos locos, sin embargo, se moriría de envidia. No sé en qué momento comenzamos con los juegos de palabras lo cierto es que terminamos dándonos un apasionado beso recostados en su alfombra, beso que fue acompañado por caricias que lentamente pero sin perder paso fueron haciéndose más intensas y llegando a lugares más prohibidos.
Elisa comenzó a acariciar mis piernas hasta que su mano se poso sobre mi apretada erección que para ese momento chorreaba espléndidamente ansiosa de salir de su prisión. Por mi parte mis labios y lengua se apoderaban de su boca y mi mano izquierda acariciaba sus protuberantes senos, pues he de confesar que mi amiga es lo que bien se le puede llamar una gordibuena. Una morena bastante discreta en su vestir que ocultaba un rico par de tetas, pezones grandes y negruzcos, un vientre marcado con estrías de sus embarazos pero que marcaban perfectamente bien su contorno de mujer dando inicio a unas caderas protuberantes y piernas gruesas, unas ricas nalgas y un monte de Venus poblado de un abundante vello que asemejaba una selva negra enigmática.
Se quitó su blusa dejando al aire sus enormes tetas que casi se desbordaban del sujetador negro. La piel de su espalda era tan suave y tersa como las palmas de sus manos que comenzaban a desabrochar mi cinturón y bajar el cierre por fin liberando mi erección que había dejado marcas sobre mi ropa interior, la cual en compañía de mi pantalón llegaron hasta mis rodillas.
Sin más tiempo que esperar tomó entre sus manos mi mástil embravecido acercándolo a su boca y a unos cuantos centímetros de sus labios ligeramente comenzó a soplar en el glande lo cual me ocasionó un placer indescriptible al sentir la sensación del ligero viento acariciando delicadamente mi erección.
Sus ojos me miraron de manera sensualmente increíble al momento que su lengua comenzó a hacer ligeras incursiones en toda la extensión de mi chorreante miembro. Yo sentía enloquecer por la forma como me chupaba por lo cual solo atiné a colocar mi mano sobre su melena negra y rizada al tiempo que comenzaba a devorar mi pene que encontraba la gloria en la boca de Elisa, quien paulatinamente aumentó el ritmo de su movimiento permitiéndome ver como aparecía y desaparecía mi pene el cual se ajustaba a sus carnosos labios.
En unos pocos instantes las contracciones aumentaron y la gloría estaba en la puerta de salida, intenté apartarla para venirme, pero ella apretó su rostro contra la base de mi verga por lo que arqueando completamente mi espalda me descargué dentro de su boca en un orgasmo que en este momento que lo vuelvo a evocar me trae nuevamente esa electricidad que recorrió todo mi cuerpo.
Así permanecimos unos instantes, me liberó y sobre el pene amoratado y con la gradual flacidez abrió su boca derramando sobre éste y mis piernas una gran cantidad de esperma y saliva que comenzó a expandir sobre mis piernas y en su barbilla.
Me quedé recostado en el sillón mientras ella se encaminó al baño, escuché el ruido del lavabo y regresó trayéndome una bata y chancletas indicándome si gustaba asearme para continuar con nuestro trabajo.
Continuamos nuestro trabajo y tuvimos otro encuentro, el cual les contaré en otro momento.

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